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EL CORAJE DE JOHN BERRYMAN


Por Armando Roa Vial
Publicado en la Edición número 5 del Periódico Literario Carajo, noviembre de 2005

 

John Berryman hizo de la falta de fe en sí mismo su sello más personal y definitivo. Por eso fue un maestro del desdoblamiento, discontinuándose una y otra vez, acuciado por desprenderse de cualquier situación donde avizorara una cierta plasmación de su individualidad como creador, en pos de un nuevo escenario donde sus convicciones -incluyendo la convicción en su propia obra- se desplazaran como algo de realización incierta o contingente. Posesionarse para desposesionarse, el desasosiego íntimo de un hombre agónico para quien la plenitud parecía estar en la mengua. El "yo soy otro" de Rimbaud es retomado en Berryman no como un recurso que permita ampliar el horizonte sensitivo o expresivo; tampoco como una fórmula del carácter atemperado de la conciencia, de la ambigüedad insoslayable de la primera persona singular. Es, ante todo, la expurgación desesperada del centro articulador del deseo, de la voluntad como fundamento de nuestras representaciones, metas y afanes, una voluntad inmanente -casi en sentido schopenhaueriano-, que al ser fundamento agotador de la vida no puede ir más allá de sí misma. La voluntad es lo íntimo del ser, núcleo de cada individuo e igualmente del todo; mientras somos el sujeto de la voluntad, no es posible ni la tranquilidad ni la dicha. Su esfuerzo es continuo pero nunca alcanza nada. Lo que podría llamarse felicidad no es más que el cese temporal del deseo, una ilusión desvanecida por un prevalente sentimiento de privación. Así, el "yo soy otro" es un escape abortado, ya que la voluntad, en esencia, se sustrae al principio de individuación, vale decir, es múltiple en sus formas fenoménicas; todo individuo es la manifestación visible, exteriorizada, de esa voluntad cósmica, ciega. Berryman, desde "Dellusions" hasta "Dream Songs", recurre con insistencia a la metáfora del hombre como un barco a la deriva, encontrándose a gusto en la zozobra, sin bitácoras precisas, apurando en los otros, pasto de polvo y gusanos, el horror a la nada, anamorfosis que transformaba al lenguaje en un tráfico fronterizo entre la vida y la muerte, cartografía hacia la inanición, sepultura prematura cavada por un destino desmembrado de referentes absolutos, depuestas las banderas del amor, la esperanza o la fe. Sin fuerza motriz, el poeta se contempla como un precipicio humano, portavoz de lo que ya no tiene voz sino sólo un rumor misterioso y distante, como el de las aguas del mar a los pies de un acantilado. Esquilo afirmaba que eran las plumas de nuestras propias alas las que nos mantenían prisioneros; en John Berryman ni siquiera cabe hablar de prisión, ya que la falta de alas extirpa toda posibilidad de vuelo. No por nada Saul Bellow lo definió como un puñado de pedazos sentados a escribir su propia desgarradura, esto es, consumando una aniquilación sin ningún sentido salvífico. No se trata, pues, de un hombre luchando entre ser y no ser; para Berryman el hombre simplemente no debe ser ante la ofensa irreparable de un universo que lo somete imponiéndole la ley del deseo tronchado, del despojo y el fracaso.

Desterrado de todo resorte consigo mismo, Berryman se suicidó a comienzos de 1972. Releer su obra es encontrar el contrapunto preciso a esos versos de Pierre Reverdy: "Nada responde a mi muda llamada; nada se opone a ese gesto endurecido que siega mi cosecha".


........... Dream Song 310

Su talento se ha malogrado. Ya no puede escribir.
Que guarde silencio entonces, hasta que las cosas cambien.
Tenemos la garantía de Goethe
para estar ociosos cuando ningún argumento se presenta por sí mismo,
o ninguno que pueda ser manejado adecuadamente.
Por eso recurro a su altísima palabra.

Aunque odie su raza, salvo a Hölderlin
& Kleist, a quienes él estrechó en el corazón de Henry:
un suicida & un loco,
enseñándoles a ellos lecciones que hasta ahora no era para nadie.
El lenguaje mejor trabajado por un extranjero,
Kafka, viejo camarada.

Henry, monstruosa alimaña, deponiéndose a sí mismo
ante la maquinaria de la colonia penal
sin lamentarlo en absoluto.
Y es que él fue la suma del dolor, tragándose su propio vómito,
decepcionando a la gente, defraudándolos a todos
en los bosques del alma.

(Versión de Armando Roa Vial)

 
 

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El coraje de John Berryman.
Por Armando Roa Vial.
Publicado en Periódico Literario Carajo N°5.
Noviembre de 2005.