Ford Madox Ford (1873-1939)
RELATOS DE UN BUEN SOLDADO
Por Felipe del Solar
Durante la primera mitad de este siglo la literatura inglesa sacó a la luz una fuerza, un despliegue de talento y una capacidad de renovación sólo igualable a la obra francesa del siglo anterior. El corpus novelesco inglés de ese período fue capaz no sólo de continuar la línea del realismo francés sino que además tuvo el ímpetu para dar forma a un nuevo y revolucionario estilo de creación de ficciones. Si la novela francesa había brindado a la literatura una veta de narraciones descarnadas, poblada de personajes dramáticos que mostraban su intimidad en medio del mundo cambiante, la literatura inglesa, por su parte, ahondó en esa intimidad hasta alcanzar los más oscuros rincones de la conciencia, y todo esto en medio de un mundo cuyos cambios fueron aún más que radicales, catastróficos.
Ford Madox Ford, hijo del musicólogo Franz Hueffer y nieto del pintor pre-rafaelista Ford Madox Brown, nació en Inglaterra en 1873 y pronto pasó a formar parte de este esplendor literario inglés. A los veintidós años había escrito cuatro novelas y tenía editada la primera, The shifting of fire. Durante su vida publicó más de setenta libros, escribió ochenta y uno, publicó y editó varias revistas, pero como muchos escritores contemporáneos suyos, ha quedado sistemáticamente fuera de las listas usuales de autores de ese tiempo, opacado por nombres que forman un listado tan numeroso como sorprendente: James Joyce, Virginia Woolf, Joseph Conrad, D. H. Lawrence, Ezra Pound, T. S. Eliot, Henry James, Aldous Huxley, W. B. Yeats, E. M. Forster, etc.
En 1914 Ford debió alistarse en las filas inglesas. Justo antes de partir a la guerra se decidió a poner todo su talento en un solo libro, seguro de que no tendría oportunidad de volver a escribir.
Hasta entonces sus obras demostraban talento, pero no consumaban nada. Ese libro primero se llamó La historia más triste, pero a pedido de los editores, quienes veían pocas posibilidades de éxito en plena guerra con un libro que llevara ese título, Ford terminó titulándolo, con gran ironía, El buen soldado. La ironía rindió sus buenos frutos no sólo en el título y nos legó una obra maravillosa. Una cuyo gérmen está no sólo en esa ironía de talante melacólico, sino también en el despliegue de las facultades artísticas de un escritor en completo dominio de su arte, con oído apasionado a la hora de auscultar el alma y el corazón humanos, para, en definitiva, conmovernos con las meras impresiones de una voz que reclama nuestra comprensión.
La guerra está presente prácticamente en toda la obra mayor de Ford. Como dice Arthur Mizener, él, Conrad y Pound entran en la categoría de los escritores que buscaban hacer historia dentro de la ficción. Ahondan en la complejidad sicológica de sus personajes, pero al mismo tiempo describen con gran precisión la realidad circundante. Pero el mayor ejercicio histórico de Ford, sin duda, es La quinta reina, considerada por Conrad como "el canto del cisne de la novela histórica". En ella narra la vida de Katherine Howard, la quinta esposa de Enrique VIII y la vida social y política durante el período de Cromwell.
En 1897 había conocido a Joseph Conrad con quien inició una larga y fructífera colaboración. De ella nacieron las dos novelas que escribieron a cuatro manos: Los herederos [The inheritors] (1901) y La aventura [Romance] (1903). Pero la escritura a cuatro manos es dudosa. Más bien se trató, en el caso de la primera, de una obra fordiana, revisada por Conrad, mientras la segunda, es una obra conradiana con el asentimiento de Ford. En Los herederos aparece ya un tema fundamental en Ford: el mundo Edwardiano, post Victoriano, que se derrumba. El sentido de la moral y la responsabilidad están en jaque, y el personaje de esta novela sufre el viejo dilema de Hamlet: sentir el deber de volver a su curso un mundo que se ha salido de quicio. "Quería ser feliz, lo que para mí significaba ser irresponsable", dice el narrador-protagonista. Es un mundo donde el narrador "se ha deshecho del pasado y no tiene futuro", donde el hombre moderno se ve expuesto con corazón, carne y deseo a un entorno que no siente interés alguno por esas partes de su ser.
Los herederos es una historia de confusión, con un mundo incomprensible, lleno de amenazas y complots. Pero en esa novela la vaguedad resulta inverosímil. Con El buen soldado Ford logró el objetivo de crear una novela con un "narrador no confiable", alguien que nos cuenta
una historia que él mismo no comprende, se debate dentro de ella y sobre cuál será la mejor forma de contarla y explicársela a sí mismo.
Al regreso del frente, su reputación como escritor había mermado. Pensó en dejar la carrera literaria para siempre. Después de la guerra se instaló en París donde formó parte de la entonces envolvente y bulliciosa bohemia literaria de aquellos años. Fundó la revista Transatlantic Review en 1924 donde publicó a Hemingway, W. B. Yeats, Ezra Pound, E. E. Cummings y Joyce. Anteriormente había editado la English Review en Londres donde aparecieron Henry James y Joseph Conrad. En esos años -los de París- fue escribiendo su obra mayor, Parade's end, que incluye los títulos Some do not (1924), No more parades (1925), A man could stand up- (1926) y Last post (1928), tetralogía que no aparecería reunida en un solo volumen sino hasta 1950.
Ford, en sus dos novelas más importantes (El buen soldado y Parade's end), muestra la faceta más vulnerable de la integridad de los seres humanos, según los criterios de principios de siglo, la misma que mostraron primero James, Joyce y Lawrence, y más tarde Durrell: la afectividad, las relaciones amorosas y -más directamente- el sexo. En este aspecto de la conducta humana, la razón tiene menor relevancia, la civilización, la tradición y las costumbres jugaban el rol de controladores. Con la Primera Guerra Mundial todo ese mundo terminó de venirse abajo, y las novelas y poesías de esa época muestran esa decadencia, el
hundimiento de una vida mundana, rígida, falsa y mezquina, pero cuya desaparición no da pie a una nueva, sino sólo a la permanente acechanza de la barbarie. El personaje central de las novelas inglesas de principios de siglo siente fundamentalmente una profunda perplejidad ante la realidad, cuando no directamente miedo.
Henry James fue quien desarrolló con mayor talento la técnica impresionista que mejor se adaptaba a la descripción de esos sentimientos. Ford, por su parte, no desmerece en esa vertiente. Ambos comparten ese afán por describir minuciosamente, casi en forma obsesiva, las pasiones humanas, siempre en referencia al mundo exterior.
Como dice Arthur Mizener en su ensayo sobre Parade's end, "lo que está mal en este mundo es que la vida de la mente y la de los sentimientos ya no se expresan en las formas habituales de conducta, como era en el amanerado ritual social de la sociedad Edwardiana; ahora, lo que la gente piensa y siente debe ser, o bien reprimido o expresado en forma clandestina mientras el ritual del orden social se ha transformado en un desfile sin sentido, hermoso, pero sin vida."
Sus últimos años Ford los pasó en Estados Unidos como profesor en el Olivet College de Michigan. En las vacaciones de 1939 visitó nuevamente París, donde encontró la muerte.

Texto escogido
"¿Seguridad? ¿Estabilidad? No puedo creer que hayan desaparecido. No puedo creer que aquella vida lenta y tranquila, que era exactamente como los pasos de un minué, se desvaneciera en cuatro días catastróficos al final de nueve años y seis semanas. Se lo aseguro, créame, nuestra intimidad era como un minué, simplemente porque en cada posible ocasión y en cada posible circunstancia sabíamos dónde ir, dónde sentarnos, qué mesa escoger unánimemente; y podíamos levantarnos y marcharnos los cuatro juntos sin que ninguno diera la señal, siempre al ritmo de la orquesta del balneario, siempre tomando un sol no demasiado fuerte, o, si llovía, refugiándonos en sitios discretos. No, desde luego, no puede haber desaperecido. No se puede matar un minué de la cour. Cabe cerrar el libro con las partituras, bajar la tapa del clavicordio; en la alacena y en el armario quizás las ratas destruyan las cintas de satén blanco; tal vez el populacho saquee Versalles; quizás se derrumbe el Trianón; pero sin duda alguna el minué... el minué en persona se alejará danzando hasta las más remotas estrellas, incluso mientras el nuestro, el de los establecimientos balnearios de Hesse, lleva camino de pararse por completo. ¿Es que no hay ningún cielo donde las antiguas y hermosas danzas, donde las antiguas y hermosas intimidades se prolonguen indefinidamente? ¿No hay ningún nirvana penetrado por la suave vibración de instrumentos que ya se han transformado en el polvo de la amargura pero que poseen sin embargo frágiles, trémulas e imperecederas almas?
¡No, Dios mío, es falso! No era un minué lo que bailábamos; estábamos en una cárcel..., en una cárcel llena de vociferantes ataques de histeria, reprimidos para que no hicieran más ruido que las ruedas de nuestro carruaje mientras recorríamos las sombreadas avenidas del Taunus Wald."

Libros en español de Ford Madox Ford:
La quinta reina (1906-1908), editorial Edhasa.
El buen soldado (1915), editorial Edhasa.
Los herederos (1901) junto a Joseph Conrad, editorial Debate
La aventura (1903) junto a Joseph Conrad, editorial Debate