Pablo Torche habla sobre su nueva novela
“Nadie sabe dónde está parado”
Por Germán Carrasco
La Nación,
Domingo 15 de marzo de 2009
Pablo Torche mide casi dos metros y habla con un marcado acento ABC1. También escribe con ese tono exclamativo, desesperado y nervioso. Es tan simpático como nervioso. Nació en 1974. Es sicólogo de profesión y
obtuvo también un magíster en literatura inglesa en la Universidad de Londres, que abandonó por un ataque de pánico. Como muchos latinos de la oligarquía, pensaba que en Europa iba a encontrar una juventud de cardigans con parches de cuero en los codos hablando de Coleridge.
En cambio se encontró muchachos llenos de piercings y tatuajes que en esas mismas universidades prestigiosas se desplazan en bicicleta, escuchan música electrónica y viven hacinados.
Ahora anda en Italia, como Pound, buscando la raíz clásica de nuestra cultura.
Sus cuentos y novelas son de una indudable calidad y el reflejo de una clase social enjaulada por sus costumbres, castrada por la iglesia, provinciana, eurocéntrica y privada del placer y el amor que anhelan. Ha ganado dos veces el premio mejores obras del Consejo del Libro y es autor de "En compañía de actores" (Ediciones B, 2004). Su escritura es cínica, exclamativa, amargada, anhelante de amor, estrictamente chilena.
A mediados de abril aparecerá por Editorial Planeta su novela: "Acqua alta". Una historia de amor, donde cada capítulo tiene un estilo diferente.
Antes de viajar a Europa "bajó" a regañadientes hasta el Lagar de Don Quijote, en Catedral con Morandé.
CON EL AGUA HASTA EL COGOTE
-Una historia de amor en Venecia, cuál es la especificidad de la novela, hay hasta películas sobre eso, cómo zafas del cliché.
-Sí, no sé si zafo en realidad. Quizás la idea es partir con una historia de amor completamente típica o idealizada, y transformarla hasta convertirla en algo completamente "real", si se puede ocupar ese adjetivo.
-En "Compañía de actores" es un libro que tiene un tono de alta cultura, eurocéntrico. ¿No te parece un poquito provinciano ese tono? ¿O escribes directamente para quienes leen a Simonetti en Cachagua?
-Sí, creo que hay harto esnobismo en "Compañía de actores". Pero, la verdad, entre los defectos, el esnobismo me parece uno de los mejores. Prefiero el eurocentrismo antes que el colonialismo cultural, que sería algo así como "sólo los europeos pueden hablar de la herencia cultural occidental. A nosotros nos corresponde sólo nuestra pequeña parcela. La herencia cultural europea nos está vedada". También en poesía, las grandes influencias históricas son europeas. Es un error fatal renunciar a eso.
-Yo diría que son más bien panamericanas... pero en fin. Te lo pregunto por el "glamour" que siempre hay en la narrativa. Loco, ¡estamos hablando de Venecia! Es como Fuguet cuando jura de guata que estamos en Beverly Hills.
-Sí, bueno, Fuguet reaccionó al realismo mágico (al menos en su cabeza, creo que ese era su propósito). Era verdad que esas sociedades imaginarias, medias míticas, con una total confianza en lo carnal, no tenían mucho que ver con Chile, que es un país mucho más fracturado, acomplejado. El problema es que tampoco es tan simple como llegar y transmutar una moda gringa. De todas formas, Fuguet tuvo razón en decir "escribamos las cosas como son", aunque no lo haya logrado por completo.
-Por otro lado Bellatin afirma que la literatura actual es un costumbrismo disfrazado de modernidad, en lugar de que sea doña Peta que te sirve el aguardiente cuando te bajas de la carreta ahora tienes un BMW y te sirven un éxtasis, pero toda la forma y estructura es del siglo XIX.
-La verdad, no estoy de acuerdo. Me parece lúcido lo que plantea Bellatín, y puede que sea cierto para las novelas convencionales, pero la verdad es que la literatura decimonónica se ha perdido completamente, quizás demasiado incluso. Ahora campean los experimentos, la metaliteratura, las superposiciones temporales o de puntos de vista, los juegos con el lenguaje. Lo normal ahora es lo raro
-De qué va tu nueva novela
-Es una historia de amor en Venecia. De amor y sexo para ser más preciso. Pero la misma escena se va repitiendo a través de distintos estilos literarios, hasta que se transforma en una especie de viaje espiritual
-Experimento literario, pero legible, ¿no? Vi que la cosa se deja leer, como mantequilla sobre una tostada, no como esos cabros chicos que se creen Derrida y no saben ni orinar derecho. Se te agradece.
-Creo que se deja leer completamente. Para mí al menos, era la única forma de terminar una novela, de salir de lo ya dicho.
-Me di cuenta que el libro consiste en una suerte de adivinanza, a cada capítulo corresponde el estilo de un autor, y la gente los reconoce. Muy ingenioso eh, muy interactivo hasta útil para hacer una clase
-Yo en realidad desconfío de las clases de literatura, porque entrañan el riesgo de una racionalización total de algo que no es completamente racionalizable.
-¿Es cierto que eres católico? ¿Se puede ser católico y escritor en un país como éste?
-Sí, soy católico, bastante observante además. Cuando llegué de vuelta a Chile, hace unos cuatro años, me impresionó bastante una especie de anomia moral en el país. Me dio la impresión de que la mayoría de la gente todavía pensaba que mientras más se rompieran las reglas mejor. Una especie de racionalización del destape. Pero todo ese ánimo a lo que ha conducido es a la trivialización y a la superficialidad más alucinante. Un país tipo LUN o programas de baile. La banalidad cultural del país me parece realmente pavorosa. No sólo los jóvenes que leen Derrida, sino que NADIE sabe dónde está parado. En este contexto, no me parece que los católicos seamos el grupo más peligroso
-Qué es "Acqua alta", el título del libro, un latinismo, medio cursi para mi gusto, los amantes se ahogan, ¿no? La imagen de la inundación es muy metafórica
-Sí, el agua es metafórica, y también la inundación, y el naufragio.
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LA VOZ DE LOS EDITORES
- CARLOS LABBÉ (Editor de Planeta)
“Acqua alta” es una novela de rigor e imaginación estilística, multiplicidad formal, introspección y misterio. La historia del amor entre Pablo y Chiara durante una tormentosa tarde de Venecia es inundada por dieciocho ejercicios de estilo que no sólo incorporan por fin la tradición del Oulipo y la literatura bizantina a la narrativa chilena, sino también un cuestionamiento a la posibilidad de poner en palabras la experiencia sentimental y sexual entre dos personas y, sobre todo, una pregunta sobre qué es realmente narrar.
ANDREA PALLET (Editora Ediciones B)
“En compañía de actores” fue uno de los primeros títulos de ficción que edité por decisión propia, digamos, y uno de los que más me gusta. Me gusta muchísimo, en verdad. Me picaban las manos por trabajar en la nueva novela, que leí y ofrecí a Pablo publicar en Bruguera, pero me la ganó en buena lid mi amigo y rival Caco Labbé. Les deseo la mejor suerte a ambos”.