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Germán Carrasco

Por Ernesto González Barnert


Algunas de las ideas aquí esbozadas valen su precio en oro, en otras Germán se arrebata, juega, sonríe. Creo que es valioso aprehenderlas, contrariarlas, sopesarlas. Abrir un dialogo con las obras con las cuales cada uno goza, agoniza, pelea, sufre, teme y pierde en este terrario en donde sólo pareciera haber espacio para ciertas especies.


- ...Háblanos de cómo entraste a la literatura, qué la gatilló específicamente. Y tras eso, los años de formación, primeras lecturas, etc. Agradecería que finalmente hicieses un esbozo final de lo que entiendes por ser poeta hoy, las dificultades, los posicionamientos...
- Mi primer encuentro con la literatura tuvo que ver con dos cosas: mi diario y un experimento de observación con una lupa. A alguien le llamó la atención mi descripción de una mosca muerta, un informe extrañamente meticuloso con asociaciones inusuales. Era menos una cosa inspirada que un reparar obsesivo. La educación es tan irrisoriamente mala -y ni hablar de las supersticiones pinochetistas de aquel tiempo y católicas de siempre- que los profesores hasta se asustan cuando alguien tiene un pelo de imaginación, pero alguien me dijo que eso parecía poesía y desde ese momento -por ego y soledad, para buscar discursos semejantes a ese- comencé a leerla: libros escolares con parciales clásicos hispanoamericanos y luego otras lecturas sin orden, alentadas por la avidez y curiosidad que produce la carencia y la dosificación: en la biblioteca de mi hermano los volúmenes duraban una quincena: lomo tatuado, fecha de entrega en la última página. El simbolismo francés. Luego Pound y Williams. También estaban los libros que todo estudiante universitario tiene y que uno lee por el rumor del biografema: Plath, Pizarnik, etc. Y la poesía política escrita en dictadura, se trataba de una poesía mal escrita, necesaria, sorprendente, no sólo Dalton, Urondo y Cardenal sino también sus imitadores más zafios. Por otro lado, mi hermano intentaba entregarme clásicos infantiles o adolescentes que yo rechazaba de plano: a ningún niño le gusta que lo traten como tal, un niño quiere leer Beque, Sexton, Baudelaire, Plath: lecturas infantiles. Eso quiere un impúber: afeitarse a plena espuma aunque no tenga pelo, fumar hierba aunque esta le provoque casi un ataque de pánico, tratar de seducir a la profesora de psicología (una rubia con pinta de garza del liceo Gabriela Mistral) o hacer que ella vaya al cine a ver una de verdad, con planos lentos en blanco y negro, de esas que pide el espíritu cada tanto, eso quisiera: tiene un testículo en vez de un cerebro y está tan sobresexuado que su erección de fiero vibrante no coordina, no ve a la otra o al otro, carece de swing, se pone nervioso y tiembla. Pero sabe que todo su cuerpo y su mente es una cápsula de sangre que circula a mil. Se hipnotiza con títulos como Las flores del mal, el tedio existencial del Residencia, la dicción rara de Vallejo. Luego los comprenderá mejor, en las relecturas, mucho después, pero quedan marcas.

Con todo y uniforme escolar, decidí luego acercarme a la Sociedad de Escritores de Chile. Ahí circulaban una serie de grasos: la gran Elvira Hernández, Jaime Lizama, Pedro Lemebel, Martín Cerda, entre otros y otras. El poeta Esteban Navarro abrió una puerta, me dio un pequeño empujón, cerró la puerta por fuera y ahí adentro estaban las personas que nombré y otras que fumaban y leían, fines de dictadura. Época de fotocopias, de libros, de conocer en el fumadero del liceo Gabriela Mistral a Ariel Antonioletti, ese gran tabú -no descansen en paz-, hablamos de él con una poeta chilena en su departamento de imponente arquitectura estalinista en Berlín el otro día, ambos lo conocíamos, ella era de Recoleta y en ese entonces yo vivía en Independencia, la Zona Norte de Santiago, lugar de cementerios y hospitales, manicomios, el Instituto Médico Legal, la Vega (saludos al comerciante de papas, Jorge Cubillos, le gustaba verme en la prensa, gran amigo). Acuérdate que en el gobierno de Aylwin el actual B. Velasco y otros tuvieron como plan barrer con cualquier grupo que "les diera problema", Antonioletti y otros, jóvenes: hediondos a espíritu adolescente como dice la canción, hermosos como la muerte de un rottweiler como dice el poema. Hay las formas de resistencia deben ser otras: no comprar cualquier cosa que nos quieran vender, en todo orden de cosas: cine, literatura, prensa. Crear referentes alternativos, hacerla uno.

Recuerdo especialmente un remate de libros en el Fondo de Cultura Económica y yo con avidez comprando lo que podía, una mujer madura extremadamente sexy era la que vendía los libros, todavía me acuerdo porque me quedé un rato hablando con ella, se llamaba Patricia Sauvat si mal no recuerdo. El hecho es que cuando yo recorría la librería y hojeaba los libros contando chauchas llegó el gerente del FCE o algo así, me dijo que lo siguiera, empezó a recorrer la librería sacando un libro de cada montón ¡y me los regaló! Yo -un niño- no la quería creer, te estoy hablando de hace una pila de años. Bueno, ahí estaba Bajo este cien de Kozer, Rulfo (que siempre me pareció la novela pre y post boom), Sor Juana, Deniz, Pfeiffer, los breviarios. Hablo de esa editorial mexicana porque siempre mis lecturas fueron panamericanas. Más tarde, todavía en mi lozana noviciatura, en mi exquisita pendejez, en el primer año de la universidad, recopilé mis poemas y los envié a un concurso de la misma Universidad de Chile, que los publicó en 1994. Yo pensaba que había que dialogar con Pound. Era bastante ingenuo en el fraseo y en el tema, algo había:

Hay gente que roba en la iglesia
Los fieles son abigarrados pétalos rancios
en una rama que no es el metro, Ez
ni la iglesia romana. Esta nueva iglesia tiene
muchos más fieles, y a ella acuden
también, curiosamente, sus infieles:
adolescentes alcohólicos, rockeros, señoras pobres
que tiernamente -por mandato de la usura-
hurgan en sus sebientos monederos
en la fila antes de pagar
o no pagar lo que llevan bajo el abrigo.
Los muchachos en tanto roban piso: aperitivo
Para un banquete futbolístico si campeones.
El templo se llama Centro Comercial
Y es -tan lógicamente a veces
asaltado al mayor o hurtado al detalle
por algunos infieles fieles (...)

Estaba de jurado ese viejo de mierda de Uribe, una de las tantas influencias nefastas de la poesía chilena con su conservadurismo y su catolicismo más para la risa que para otra cosa, personaje ridículo cuyo mejor poema es el discurso acerca de la minería chilena. A veces no comprendo cómo en el país de Neruda y Lihn -ateos recalcitrantes- tiene tanto peso la iglesia. Jesús Sepúlveda ha escrito en esta misma página acerca de formas alternativas de espiritualidad, pero en fin. Quizás lo que me llevó a escribir fueron algunos poemas. Pienso en el poema the fly de Blake (traduzcamos, por joder "la cremallera" o "el cierre"), leído gracias a alguien, creo que al Jaime Lizama en el taller, fue él quien me hizo pensar en el informe de la mosca que mencioné al principio, fue ese el poema que gatilló una serie de entusiasmos. O The snake de Lawrence, ese oda a la diferencia. Trato de hacer memoria de lo que me alucinaba entonces, habrá sido una traducción no sé si buena o mala, da lo mismo, de Zona de Apollinaire. Me incomodaba lo cristiano que había en el poema (como te incomoda que te pidan los pesos de sobra para una institución cristiana en el supermercado, sólo en los barrios más pobres de Santiago) y más tarde me sucedió lo mismo con Cisneros, Watanabe y muchos otros poetas que tienen poemas militantes en ese sentido. Sólo en ese catecismo racional que es Four quartets uno intuye o sospecha o comprende algo la cuestión de la fe. Pero entonces, reemplazaba la palabra cristianismo en Zona por otra palabra con un pequeño papelito con cinta scotch transparente. Y le poníamos cualquier otra palabra, incluso algo medio nonsense. Y así lo leíamos felices con el Chico Figueroa y unos amigos y amigas punkoides o wave, para soportar esos tiempos de mierda. Lo leíamos en voz alta en un patio con parrón, tomando chardonnay y otros blancos heladitos y coronas y paceñas, también muy frías, descalzos, creyéndonos anda a saber sabe qué cosa. Muy cool todo. O probablemente fue algún poema de Las flores del mal. Estos poemas, claro, fueron leídos con esa fascinación que otorga la ingenuidad, la lozana noviciatura, L'argent de poche de la que te hablo, pero que yo pagaría por recuperar. Siempre me fijo en un desplazamiento o mudanza a qué es lo primero a lo que echo mano: Darío, Auden, Williams, Lucrecio, Tomlinson (tengo una primera edición), Shakespeare(unas ediciones de Oxford con pies de página mayores en dos tercios que el texto mismo y curiosamente con algunas erratas, ¿podrías creer eso? La verdad yo me sorprendí bastante), Neruda (el pueblo te saluda: mencionaremos Estravagario, ya Residencia está en el disco duro).

Últimamente regalé todos mis libros de Deniz y me quedé con Erdera, que es su obra casi completa en verso. Me interesan los poetas que carecen de tono oracular, que no suenan como fanfarria; la poesía sin el dedo índice en alto, sin imposturas ni alharaca, que usa los elementos, la historia de la cultura occidental, la química, la biología y los latinazgos sin soberbias, sin arrojar los conocimientos a la cara del lector. Un poeta que hace bailar estos elementos -los nombres de la cultura- y que no los usa como escudo, los pone en marcha. Sólo nos interesa el juego, tenemos la piel terrible de dura. Seremos una molestia, sorry.

Ah, cuántos epígrafes en los poetas jóvenes, cuántos enormes epígrafes, cuántos versos de Eliot o Celan o Pizarnik o Deleuze en la primera página, antes del poema, entre página y página, qué necesidad de agarrarse desesperado a la bolla o falo de los nombres propios: una poderosa inclinación fascista, sumisa, un culto a la autoridad más que una pendejada. ¡Cuánto homenaje a este o a ese otro! Simplemente hay que reemplazar la palabra homenaje por la palabra descuartizamiento, despresamiento, lectura. Por otra parte, es obvio que en un par de años más cuando alguien lea un libro con epígrafes o gatillado por la gramatología o mil mesetas o cualquiera de esas obras va a ser como mirar el sauce a lo cure que nos hicimos cuando chicos, o la melena afro o algo así de ridículo y obsolescente. Secreto: no agarrar tanta papa, el poema es simplemente un crucigrama, nada más que al lápiz le empieza a salir sangre en vez de tinta. Tío Pepe, mira cómo te veías con ese bigotito de la unidad popular (boludo).

Te hablaba de Deniz, claro, a él hay que soportarle su soberbia y machismo, porque todos los poetas cojean. Todos. Por eso se necesitan varios. Los poetas son entidades ortopédicas, no en el sentido surrealista que se valió de esa imagen, sino en el sentido de que de ellos podemos tomar sectores, partes, ciertas vitaminas según el ánimo y las necesidades: la técnica de este pero no su contenido, la velocidad de este, el oído de ese otro, la sensualidad o el humor de esa, la profundidad de esa otra. Pero sólo se necesita leerlos ya que la presencia física de varios de ellos en un mismo recinto se convierte rápidamente en una sucursal del infierno. Por eso leemos distintos poetas en distintos estados de ánimo y épocas de nuestra vida, por eso no hay poeta ni ser humano completo, por eso nos necesitamos. Creo que se me viene una etapa Susana Thenon, etapa de levedad y alegría: ella tampoco suena alto, es pura gracia, uno adivina la sonrisa y el placer en el momento en que ella escribe, la crítica hecha desde el único lugar posible: la alegría.

Cuando estuve en el programa de escritores de la Iowa, compré en NY y Chicago, casi todo lo que encontré de los objetivistas: Zukofsky, Oppen, y no sólo poesía, también estudios, correspondencia, etc; la antología de Rothenberg-Joris, la de Douglas Messerly ¿Es sólo por dinero que los hispanoamericanos no hacemos libros tan generosos/ o es que no tenemos capacidad de unificación de fuerzas? ¿Qué mierda nos faltó en la historia: ¿Protestantismo? ¿Revoluciones sociales genuinas? ¿Proteínas en la alimentación? ¿Jugo de zanahorias al desayuno? Me traje poetas que pertenecen a distintas tradiciones, que muchas veces se contraponen Bishop, Strand, Simic, lo que no tenía de Ashbery (una vieja etapa por la que me he dado cuenta casi todos han pasado en casi toda Latinoamérica), John Taggart, Michael Palmer. Creo que la diferencias en un lugar no son trasladadas al otro -no hay militancia ni ismos ni generaciones, hay sólo voces, a veces falta nomadismo, falta huacherío que es una palabra que Millán usó despectivamente en una de sus últimas entrevistas. Millán habló de huacherío, Gonzalo Rojas usó el otro día la palabra picantería. Esas palabras dicen mucho, toda palabra transparenta un prejuicio. A todos les ha pasado eso de sentir repugnancia por el uso que hacen ciertas personas del lenguaje. Esa es la causa de muchas guerras, esa debería ser la arena de la literatura chilena. Personalmente quiero ser el mejor padre del mundo, pero no tengo ningún problema con los hijos naturales, me parece hasta una linda metáfora eso del que está solo en la vida, es como la metáfora de las iniciativas independientes. Revaloremos, entonces, esa palabra: faltan huachos así como faltan hijos en la literatura chilena, sobran los padres, los representantes, el santo católico, el héroe, el bardo. Viva el huacherío y la comida con sabor, sobre todo en los feudos en el que por miedo, muchos se arriman a cualquier padre, bolla o pedazo de tabla en el mar.

Hay muchos padres. Hay que reivindicar la poética del hijo.

La división entre líricos v/s realistas atolondrados o antipoetas o como quiera se les llame a las tentativas no-líricas, no existe. A la hora de leer o de rumiar en la cabeza, tampoco sirve la división entre neobarrocos y objetivistas o cualquiera de esas jaulas. Quizás todas esas poéticas están dentro de uno, como un repertorio posible. Luego de una etapa Sor Juana por ejemplo, lees algo de realismo brígido, o viceversa. Esa es una de las razones por las que no creo en el poeta único: llenamos distintas necesidades. Es por eso que un poeta tiene algo ortopédico: cuando era joven e indocumentado leía y disfrutaba con Gonzalo Rojas, sus inverosímiles y fanfarronas hazañas sexuales. Luego realicé una especie de gozoso descuartizamiento y me quedé sólo con su técnica, que, ojo, en ese momento nos oxigenó bastante, acuérdate que en dictadura había nadie reparaba en el aspecto prosódico del poema debido al contenidismo en boga. Tanto reyezuelo ¿no? tanto aspirante a rey, tanta dictadura metida en uno mismo.

- Ahora que ya tenemos cierta idea de una educación sentimental, de un origen, y un proceso, y cierta visión de lo que significa para ti escribir ¿Qué poetas, escritores, artistas o experiencias marcaron-marcan tu cocina literaria y también la propia vida?
-
La experiencia sexual, porque la poesía es amor y sexo, eso; no sé, ¿otros perfumes? a ver, al azar, quizás el fenómeno punk y derivados en los últimos días de la dictadura, aunque yo diría que toda la cultura de masas, que viene influyéndonos a todos desde hace mucho ; la beca de escritores internacionales de Iowa; mi actual residencia en Buenos Aires, el taller de la Fundación Neruda, un par de subvenciones sin las cuáles no habrían podido comprar un computador, bibliografía y básicamente tiempo y sin las cuales probablemente estaría lavando retretes por setenta lucas mensuales (cosa que haría felices a algunas personas); Las flores del mal y Alcoholes en algún momento; el hard bop y derivados; poetas que son en general considerados, "menores": mis hermanos mayores: todos los que escribieron con anterioridad a que yo bosquejara cualquier cosa, sus gemas, pero también sus estridencias, manchas, tentativas, panfletos, "libros disparejos" "libros mal escritos" como dice alguna gente ajena al amor a la palabra, que no entiende absolutamente nada; vivir y conocer distintos sectores del Santiago real; el Medusario por el lado neobarroco, el Diario de Poesía argentino y el objetivismo judeoamericano por el otro flanco; el reconocimiento de gente que realmente admiro; el cine (no vamos a aburrir haciendo name dropping), en algún momento, la paciencia de mi madre y de mi hermano en un departamento de cincuenta metros cuadrados con la metralla de una olivetti lettera; mis hermanos mayores: Chico y Mario Rissetti; últimamente, mi pequeño samurai; la poesía argentina; la violencia, el clasismo, histeria y humillación cotidiana de mi país.

- Ahora me encantaría que ahondarás en la influencia Hispanoamericana. Veo que tu estadía en Buenos Aires ha abierto fuertemente esa puerta. Aquí pareciera que sólo nos leemos nuestra propia tradición...
- La editorial Calabaza del diablo (una de las pocas editoriales realmente independientes, hoy casi todo está asociado a alguna privada o a algún tipo de empresa), acaba de sacar un libro de Gambarotta y entiendo que se vienen unas poetas argentinas, Sergio Parra siempre traficó libros desde Buenos Aires, Lima, EEUU. Jesús Sepúlveda el otro día mostró algo de poesía coreana asociada a una idea actual de liberación. Ha habido encuentros importantes, algunos hechos a pulso. Todas esas tentativas nos dicen que hay que leer poetas de otros lugares porque si no uno se asfixia. Además, hoy en Chile, la que propone todo es una empresa.

Creo que, en algún punto, las influencias son similares en toda Hispanoamérica y que si uno escribe, no es para repetir la tradición sino para usarla e inventar algo, crear un lenguaje personal, es por eso que el fracaso y el ensayo-error son importantes, hay algo completamente intencional con algunas desprolijidades (los poetas y críticos que pueden darse cuenta de esto son los únicos que me interesan). Esto no tiene que ver con la antipoesía, las desprolijidades (posteriores a cierta técnica, obvio, saber dibujar, tener oído y saber lo que es un verso) tienen un sentido en América Latina, y con esto no adhiero a un arte de la extrema pobreza, sólo creo toda mancha es una forma no abstracta, una forma que habla. El sudario, Vero, o las manchas de humedad en la toalla de la psicoanalista luego de bañarse. Todo es vintage en las américas, todo es por naturaleza, independiente y deforme. En cuanto a estilo, sólo podría decir que la forma gobierna, que lo primero es el oído y el gimnasio de la prosodia y que si no se pasa por eso, mejor irse a casa: esa importancia en el trato a las palabras se lo disputan las vanguardias y algunos clásicos que finalmente todos terminamos revisitando. Soy de los que rumian un poema antes de ponerlo en el papel, de los que se alegran con el ejercicio. A veces pienso en uno o dos versos por un tiempo largo hasta donde mi capacidad de concentración o mis meandros mentales me lleven. Pienso a veces estúpida, monótona, warholiana y anafóricamente en esos versos como si fueran nichos de un cementerio (historias tras los nombres, vergüenza de nombrar)

Y lo demás llega solo, cuando llega. Si es que llega.

Un par de lugares comunes: ciertas imágenes piden ciertos ritmos determinados, cosas que todos saben.

- ...Bueno, Carrasco, esbocemos algo de tu poética....
- No sé...Creo en el álbum de toda especie de poemas y por tanto, en involucrarse en proyectos distintos cada vez que uno escribe un set de poemas o libro aunque quizás esto sea ilusorio y la obra de un poeta sea un solo poema. Un poema de amor, un manejo de la retórica, una contundente estocada política, un poema-análisis, etc. Creo que lo político y lo estético son dos pulsiones lo suficientemente fuertes como para no neutralizarse. En algún momento pensé que cierto cumplimiento con la prosodia y la forma otorgaban cierta visa para el tratamiento de ciertos temas. Hoy -Buenos Aires, tres de la tarde y siete minutos- creo que honestidad y forma van de la mano. Por eso he tratado con mayor claridad en mi último libro algunos temas, quizás ineludibles en el Chile de hoy: la desaparición del espacio público, el dibujo cultural del país realizado exclusivamente por grupos privilegiados.

A veces digo que quiero escribir desde la deformidad, descuidando el poema o panfleto, la estridencia enfrenta algunas dificultades, es difícil de leer a veces, pero la reacción visceral es la recompensa y la sonrisa... pero sientes a tu mujer a las seis de la mañana y te das cuenta que estaba llorando en la ducha, o que esconde sus ojos en la lectura, o lees a Auden y te dan ganas de escribir otro tipo de poemas, que se puedan obsequiar como regalo a las personas que amas. No sé por qué el sonido de la ducha me provoca una especie de tristeza voluptuosa, estuve en Santiago un par de días y pienso en mis sobrinas (la que estudia ingeniería civil informatica en la Santa María y otra princesa con promedio 6.8 en matemáticas y 6.5 es comunicaciones, de cuarto medio) que se bañan a esa hora y uno siente la ducha en duermevela y luego toman el Transantiago. Debe ser por la desnudez y el agua. Me obsesionaba la imagen de los cuerpos desnudos en el agua, o la gente que llora cuando se ducha, en Clavados por ejemplo, quizás por eso no me pierdo los juegos olímpicos en la televisión.

No sé, por otro lado, siempre hay algo de culpa y vergüenza al escribir, por ejemplo, un nombre propio en el texto. No me refiero a la costumbre provinciana del epígrafe y la paráfrasis sino también de la anáfora de nichos cuyos nombres no utilizaría. Es difícil el nombre propio, ya se trate de un saludo, homenaje, denuncia o simplemente el nombre de una ciudad para situar el poema, siempre hay una culpa y una vergüenza: son estas las que quiero a veces intento desentrañar, las que quiero convertir en reflexión y poética o poema. Da vergüenza esto.

Aunque la literatura misma es pura cita y diálogo -cita que yo siempre he disfrazado, me avergüenza mencionar nombres propios-, tradicionalmente en América Latina, la cita (latín, francés en el siglo diecinueve) y el nombre propio (alta cultura) fueron utilizados como estrategia de poder de una clase dominante para confundir, aparentar, fingir, excluir, la célebre ley del gallinero: el de arriba caga al de abajo. La cita del siglo diecinueve, que hoy adopta nuevas formas, sigue siendo utilizada para manipular, confundir, para apropiarse del patrimonio cultural o del altoparlante. Frente a esto hay dos salidas, opuestas entre sí: lo contracultural por un lado, y por el otro la transparencia y la pretensión universalista. Sin embargo y en el entre, creo que se puede pensar una poesía situada y crítica sin la estridencia ni el ruido de las referencias. Estoy consciente de lo ilusorio que es plantear esta poesía transparente, vacía de citas y nombres, porque toda la literatura es historia de la literatura, o tatuajes de juventud, como el Corto Maltés con un M 16 en un brazo y un saxofón en la otra que nos hicimos con el Chico hace años en la espalda.

Debe haber una manera en que la cita y la referencia funcionen sin sonar a púlpito, sin fanfarria. El otro día Fadanelli decía medio en joda en una entrevista que quería escribir un ensayo sin citar a nadie, me encantó eso. Días de alergia a los sustantivos propios, algo parecido sucede con otro de los materiales con los que trabajo (sin mencionarlo, naturalmente): el cine. No es necesario mencionar el patrimonio cultural, películas y nombres para hacer una poesía relacionada con el cine, es la poesía misma la que tiene que adoptar los procedimientos de las artes visuales en el tratamiento amoroso de la imagen, en el desarrollo de la ficción.

Aguas han pasado bajo el puente: cierto lenguaje académico y cierta poesía permanecen dentro de un ámbito en donde lo elitista y lo marginal son sinónimos; los intentos de una poesía colectiva o sin autor suenan hoy en día como una vieja moda imposible dada la naturaleza misma del oficio, autoral por definición; la reflexión acerca del poema mismo fue realizada en los años ochenta y noventa al menos en Estados Unidos con extensos poemas engolosinados con la materia verbal, la jerga filosófica, muchos de ellos ilegibles. Hoy en día, discursos como el de la antipoesía parriana por ejemplo, se encuentran completamente desvirtuados y neutralizados, convertidos en un lamentable espectáculo de prensa. A eso colaboraron sus peores imitadores, ya que tiene por otro lado continuadores que realmente transformaron su legado (Lihn). La foto de Parra dándose la mano con Cardemil (hagan memoria) es un poema concreto y está en la página de la Universidad Diego Portales por si alguien desea visitarla.

Por otra parte, los cantos épicos y la tradición del estrépito pertenecen a otra sincronía, como fue zafarse del lastre de dictaduras cuya herencia, es importante hacer hincapié en esto, se encuentra viva en muchos ámbitos, incluida la literatura. Especialmente en Chile, el dibujo del perfil cultural está siendo realizado por instituciones privadas muchas de ellas, ultraconservadoras y muy poca gente que escribe parece dimensionar la gravedad de ese asunto. No hay alternativa Ojo. Tienen que existir otras alternativas, es urgente. Está bien, la ultraderecha o los milicos o el opus o legionarios o algunos panza de sushi del verbo divino o la clase política son los que mandan y dan trabajo a los otros negritos que tienen algo de talento o que hicieron buena letra en las universidades tradicionales, todo bien: hay que trabajar, hacer clases en sus empresas que ellos llaman universidades, perfecto, cero problema. Pero no hay que vender el paquete completo y bailar su ritmo, hay maneras sutiles de seguir escribiendo la nota que quisieras, de conservar una dignidad y de poner tú un par de condiciones mínimas. Pete Sampras es el caso más obvio del deportista al que compran como a un jugador de fútbol o como quien compra algo en un mall:
-Deme unos kilos de negro, que le lleve harto arribismo, paciencia y algunas gotas de talento.

Digamos, debería haber una ley efectiva de financiamiento de las artes y la literatura en la que el mundo privado participe, pero es mejor que deduzcan un par de impuestos a que pongan ellos sus condiciones. Y encima Anwandter (y los de un tal Foro) se quejaba en la Tercera porque no les dan la beca de creación o el Fondart, que son casi la única alternativa que tiene el mundo que está fuera del ámbito de simpatía esos negocetes o redes en la que bailan todos ellos. A todo esto, yo no postulé a ninguna beca ni obra inédita, en caso que alguien piense que estoy haciendo guiños.

Volviendo al tema, te decía que hacer una poesía transparente, despojada del nombre de las localidades, sin la avería de lo cotidiano o la fisura de nuestras ciudades, también provoca culpa y vergüenza ya que muchas veces se escribe con impunidad desde una especie de locus amoenus , una especie de paraíso en circunstancias que la realidad es que habitamos una ciudad latinoamericana llena de abusos de poder, problemas, inequidades, una prensa obscena y monopolizada. El DF, Lima, Santiago, La Paz. Recuerdo unos versos de Kingsley Amis, traduzco a la rápida: ¿debe el poeta inflar con un bombín de bicicleta el corazón humano/ o dejarlo como llanta reventada? Cómo ignorar el lugar desde el cual se escribe. Y cómo abordarlo en el poema, sin que este se convierta en un ensayo, en una queja destemplada ¿Debe el texto acusar recibo directo de todo esto u ofrecer un vado, un espacio de oxígeno, con la culpa que esto último conlleva?. Y cómo evitar el lugar común haciéndose entender. No sé...

- ...Hablas de las desprolijidades...
-
Sí, es un poco lo que dice por ahí Lamborghini, como Latinoamericanos no tenemos divinas comedias ni basílicas ni nada de eso y por lo tanto no debemos pensar en una poesía inscrita en esa tradición, queda ridículo, como Warnken hablando de ángeles o metafísica o fantasía, y lleva al programa a físicos que hablan de miles de años luz mientras él asocia eso con la magia de la palabra y algún cliché por el estilo.

Hay una ética de los desprolijo intencional, creo... quizás tenga que ver con lo que dice Anwandter, eso de que el poeta en el fondo tiene dificultades expresivas, pero ojo con lo que dice (nuestro premio Portales que hace clases en la Portales con jurado de la Portales), porque eso podría servir de escapismo, onda: nos están vedados ciertos temas ya que la empresa tiene otro personal para eso, las realidades no tienen que ver con la poesía y hay un gordito que escribe acerca de todo en todos los medios, que critica los populismos latinoamericanos todas las semanas, que define el peronismo en dos líneas sin saber mucho de lo que habla. Él escribe en absolutamente en todos los medios, hace unos retratos autoritarios (esto es así, esto es asá, porque este señor estudió en este liceo, etc) aplicando el mismo molde a Schaulson, Pinochet o Don Francisco. Y como sobra la plata, va a aprender inglés (bastante grandote eso sí) a Nueva York, aparece en la revista femenina Paula un artículo de quince páginas en donde nos narra su experiencia aprendiendo inglés. Escribe un retrato ridiculizando a un ministro antes de que a este lo saquen del poder , él ya sabe eso con antelación. Chapotea, chancho en el barro del poder; critica a la concertación, usufructúa de la concertación. Y para seguirse riendo de todo el mundo, hace clases de humor en una "universidad". Un día va a escribir de free jazz o de música electrónica con más autoridad que Diedirich Diderichsen, si es que ya no lo ha hecho.

De que los que escribimos poesía hablamos otro idioma no cabe ninguna duda. Creo en la poesía como herramienta de visión, visión física, de los ojos, aunque yo tengo vitrio entre otros mil defectos a la vista, no metafísica, de inteligencia, de placer. Y en las palabras de los otros, cuando no suenan a fanfarria, a platillo, cuando no hacen trampa, Safo, el cuaderno de Lolita.

No tengo claro si el lenguaje se gobierna solo o si uno puede establecer un control, sé que las desprolijidades tienen un sentido casi moral (las desprolijidades son especies intencionales, para citar nuevamente al gran Anwandter, con la esperanza de que no se preste para más carajadas, para cara de rajadas... las desprolijidades que hacen los que mejor tocan el instrumento... pero también me produce deleite el primor, la bienhechura. Paco Urondo decía que corregirse el poema era corregirse uno.

Por último, en vez de grandes temas prefiero a veces descubrir el por qué se escogió un morfema en dos palabras casi sinónimas, por qué un dispositivo transicional o la ausencia de él, por qué las palabras (o menos que las palabras, los morfemas, las partículas) están donde están en el poema. Eso, el área chica, las bambalinas, la costurería, los prefacios de Baudelaire. Yo creo que por ahí más o menos va la mano en vez de ponerse a dialogar con dios o los dioses o cualquier alharaca por el estilo.

- ¿Para quién escribes?
- Para las cuatro personas de las que hablaba Pound, por ahí Harris dice: para el que quiera entender. Uno simplemente escribe y alguien por ahí publica y quedan los libros. Y ya. El libro queda como el rastro plateado de un caracol como dice cierta personita. Y ya, no hay más. No hay que esperar nada, quedan como el diario en un banco y alguien los toma si es que, y ya. No hay más. Que las antologías hechas por empresas y los que se nombran en la prensa o los que creen que esto es la guerra de los autitos locos, choquen entre ellos.

- Y ¿Cómo ves la poesía actual chilena...Y en ella a tu generación con respecto a las anteriores y la que ya comienzan a situarse?
-
Habían excelentes: Bello, Silva, Sanhueza, faltaron trovatrices, la generación anterior contaba con Urriola y Prado (Sergio Parra, Valenzuela y Victor Hugo). Anwandter es un excelente poeta, en Especies Intencionales por supuesto y no cuando hace esas cosas concretas o ruidos o todos esas pelotudeces que son simplemente un pasatiempo para conchetos, para el cuicaje (¿de eso hace clases? ¿dónde? ¿en la cátedra de humor de Gumucio?); es un buen poeta a pesar de prestarse también para esas payasadas, porque el hecho de que esa empresa instituya un premio y que ese premio lo reciban los profesores de la misma institución es simplemente chacota. En realidad mi generación debería parar de gozar, se fundieron completamente. Al igual que en el Congreso, la corrupción siempre viene del mundo privado, de afuera. Esa antología ridícula que hizo Pete Sampras y alguno de sus jefecitos a los que incluye con descaro, y que firma una chica que trabaja en esa empresa es simplemente otra broma: aparece gente que no ha publicado un solo libro pero que son profesores de ahí, aparece gente sólo porque trabajan o mandan ahí, y esa imitador de Parra que no resiste la menor lectura, esta él, pero están ausentes personas de su edad que sí tienen obra (Díaz, Urriola, S.Parra, Valenzuela, Alexis Figueroa).

Ya lo había hecho antes un periodistucho de las últimas noticias amigote de ellos con un título que a mí me resulta bastante humillante, Gutiérrez. La corrección política sanciona muy fuerte esas cosas en otros lugares, acá pasan no sólo desapercibidas: son celebradas.

¿Para qué hacen estas cosas? simplemente para demostrar su poder y decir que pueden hacer lo que quieren en el país porque tienen toda la prensa y la plata?

¿Para agregarle un centímetro al curriculum de una profesora a la que nadie le conoce un solo artículo? ¿Para instalar a un par de profes de ahí? Encuentro peligroso lo que está pasando. Hay varios católicos duros, doctrinarios. Un golazo el que metieron. No hay gente de Valparaíso, y de Santiago no está Gustavo Barrera, Héctor Figueroa, Ursula Starke, Yuri Pérez, Antonio Silva, Héctor Hernández, Pedro Araya, Felipe Ruiz, Sergio Muñoz, Claudio Gaete, Rafael Rubio, Paula Ilabaca, Cristian Gómez y la lista sigue.

Se pasaron a todo el mundo por el orto, y a varios que eran muy cercanos a ellos.

En este momento, otra editorial cercana a ese grupo -también de marcado acento conservador, mucho chico de colegio pituco de curas o esa estupidez del folclore que les dio como coletazo de Parra, esas cuecas soeces horrendas que publicaba Pete Sampras sin firmar en el Clinic Esta editorial cagona de la que te hablo cercana a ellos va a publicar a Héctor Figueroa: un poeta genuino, con calle, recuerda que fue obrero en Chilectra, que era de los que leía el estado de la luz, al igual que Pérez. Esos poemas de la cesantía o del compañero de trabajo que le cuenta sus problemas y él, medio en broma le dice que se suicide, y el tipo, efectivamente se suicida al otro día (cosa que ocurrió) serán leídos por niños abeceuno para que conozcan o respiren algo de un Santiago que jamás visitarán. Ese es el motivo de la publicación de libro, supongo, por eso lo publican: los compensa simbólicamente. Es como cuando un chico católico abeceuno lee realismo brígido e imagina cosas que están lejos de su realidad. Pero él adora esa literatura, sobretodo si se escribió a kilómetros de su cuadra. Con la publicación de Figueroa, de paso y de taco, parchan toda esa porquería que han publicado y se jactan diciendo que también publican a la rotada, a los que son más puntetes. El libro de Figueroa además había sido por una editorial realmente independiente, pero ellos no sólo chorean bienes raíces (como uno de sus editores) y platas, sino también derechos de autor.

¿Que cómo veo el panorama de mi generación? Como la mierda, es simplemente absurdo que Pete Sampras escriba artículos sobre el libro de poemas de Donoso, otra cosa sobre la que hay consenso: debe ser uno de los peores libros de poesía escritos en Chile, habiendo montón de libros bastante raros o interesantes dando vueltas. Sus artículos sobre Borges son lambiscones, burgueses, para viejas cuicas: no problematiza, no revela nada. Y escoge a Borges y a Donoso muy conscientemente, con un grupo objetivo clarísimo en su cabeza de jugador de fútbol comprado por unas chauchas por el equipo con más poder adquisitivo y los guatones que hacen clases de humor y se ríen en nuestra cara todos los días en todos los diarios.

- ¿Cuál fue el último libro de poesía chilena que leíste?
-
Cementerio de los disidentes, de Gaete, un excelente poemario escrito con mano liviana, cero esfuerzo. Fosa Común de Ruiz, que dialoga con la tierra baldía. Banda Sonora de Anwandter, sobre este último ya hay abundante material crítico hecho por los colegas de su empresa.

- ¿Cuál es para ti el gran libro olvidado de la poesía chilena?
-
Yo reeditaría Carta de Viaje de Elvira Hernández. A ver... hay unos sonetos de la Mistral que están en un libro de Scarpa, el libro de Scarpa tiene un título horrendo, machista a cagarse: "una mujer nada de tonta", pero en ese libro vienen los sonetos de la muerte que son más de tres, son, creo, catorce. No sé si eso esté reeditado, son sonetos pasionales, en donde se notan los celos, con bajos instintos, con mucho dolor, eso lo releería porque me parece que no lo podían editar por cuestión de derechos. Haría libros temáticos: el soneto en tal época, la muerte en la poesía chilena, compilaciones de poesía política, libros como galerías: la voz del origen, la ciudad, etc. Y les agregaría mucho ensayo. Más que libros olvidados yo creo hay ahora mismo una histeria de posicionamiento por parte de un grupo ligado a cierta empresa, quieren imponer a varios autores y silenciar a otros. Tienen toda la prensa y toda la cancha, y lo están haciendo. Por eso hay que buscar otras alternativas, oponerse con fuerza a su canon impuesto a empujones y billetazos.

- ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer?
- Muchísimos, y con algunos chao nomás. Borges dice que no hay que obligarse a leer. Pero hay otros que comencé y que no jamás pienso terminar, hay otros que uno intenta leer siempre que puede y que jamás va a terminar: "A", "The cantos".

- ¿Qué podrías decirme de tu experiencia como escritor en la Argentina? y ¿De la poesía actual Argentina?
- La poesía argentina es una de las más vitales y diversas, arriesgadas y deformes que conozco, pero yo estoy en Buenos Aires por mi mujer y mi hijo. Teníamos que elegir dónde vivir y elegimos Buenos Aires, en donde conseguí algunos trabajos menores. Acá me estaba muriendo literalmente de hambre como le está pasando a mi hermano Héctor Figueroa y a un sector bastante grande de chilenos. Ya estaba en esa etapa de la desesperación. Cuando voy Chile pierdo muchos kilos de peso y me resfrío. Casi vengo exclusivamente a ver a mi madre, mi hermana y mis sobrinas, a un par de amigos.

- ¿Cuáles son los 10 libros que recomiendas leer?
- A ver a ver a ver, qué tenemos en esta mesita... al azar... (porque esto es azar) Erdera de Gerardo Deniz, porque es un virtuoso y es divertido y leerlo es un juego difícil. Carta de viaje Elvira Hernández: no tiene cantabile prosodia como dice cierto poeta peruano: el rechazo a la música fácil tiene muchos motivos. Personalmente, ciertos sonidos bellos de la alta cultura me llenan de vergüenza, por eso uno busca algunas disonancias, debe haber alguna especie de ética de lo entrecortado, de lo que se interrumpe con silencios, es como si lo cantabile la llenara de culpa, es un libro que a mí me encanta. En esta misma onda de la música quebrada por la verdad, la sinceridad y cierta culpa, mencionaría cualquier libro de Oppen (podría ser this in which, lo material de Oppen se puede complementar con la lectura de Mistral, un poema como La medianoche, por ejemplo). El decir las cosas, el habla que sale apenas, ahí hay mucho. El por qué de un por en vez de un para, la partícula elemental, para eso Oppen ayuda montón, y Zuk y cualquiera de esos. Ahora otra cosa completamente opuesta: Auden, antologado por sí mismo, la edición Penguin o cualquier libro: The orators; The dog beneath the skin; Look stranger; another time; the doble man: cualquiera, lo estricto y lo bello coinciden con la balada popular, todo a la vez. Es el orden al que hay que volver, es la estructura que se necesita cada tanto. Auden es el festival de la palabra, es tan perfecto que hace que nos contradigamos cuando nos las damos de modernoso. Ya, ahora uno más modernoso: From the othe side of the century de Douglas Messerli (incluye la conferencia acerca de nada de John Cage, a Bob Perelman, clásicos como Spicer o Creeley, también poesía del lenguaje que a veces peca de sobrealimentada por la academia, pero vale la pena: viene Howe, Mayer.

Uno bien punk para los onderos, pero que es también un ejercicio de valentía y consecuencia (y uno dice: esa es la manera, así hay que pelear): Muerte y Fama de Ginsberg, es importante porque también es un manual de acción política, un libro de humor, un libro menor, las referencias son muy contingentes, muy noventeras, léanlo ahora mismo que aún está fresco. Eso sí, no hay que leer Howl, nunca más, a no ser que sea en una clase de historia. Mucho menos si nos lo tratan de imponer. Cualquiera de Williams; Paterson, Spring and all. A Willilams sí, no intenten copiarle, ya todos lo han hecho, la imagen condensada se usa después, es como si un haikú en el fondo fuera un verso de un poemas más largo. No sé, el Poem beginning "The" de Zukofsky es una especie de Tierra Baldía alternativa. Teoría sentimental, Mirta Rosenberg: inventó una manera de rimar, mezcla de Padeletti y Moore, el primer poema de Teoría sentimental es simplemente ingeniería verbal. Distancias y quizás Ova completa de Susana Thenon, la segunda obra inaugura el pop argentino, la primera es una especie de poema dodecafónico. Poesía Civil de Sergio Raimondi: fundamental por su análisis e inteligencia. Alguno del neobarroco, no sé, Chorreo de las iluminaciones de perlongher a mí me gusta muhísimo por la descripción de los boxeadores, la lucha de esos titanes, no sé, algunos clásicos de ayer y de hoy: los pequeños poemas en prosa de Baudelaire, obviamente las flores del mal, hojas de hierba, las elegías de Duino, Tala (no sé por qué todo el mundo olvida aludir a las notas de tala cuando se menciona tierra baldía), con la poesía temprana o the cantos de Pound finalizaría este irresponsable name dropping.

- Es dable que esta te parezca una pregunta estúpida o rarísima. Si tuvieras que quedarte con un verso en la memoria colectiva de cada chileno cuál le dejarías?...estoy pensando en Neruda: puedo escribir los versos más tristes esta noche o me gustas cuando callas porque estas como ausente....o en lihn: nunca salí del horroroso Chile...la mistral: del nicho helado en que los hombres te pusieron..etc.
-
Uf, mi mejor verso, tarea para la casa... lo voy a buscar. Puede que lo tenga, quizás eso deberían decirlo otros, pero acuérdate también que no todos los poetas son de versos o poemas buenos, algunos inventaron un lenguaje (más que suficiente) y sin embargo son difíciles de antologar, no tienen versos o poemas para enmarcar, abren la partida de otra manera. Un poeta debe inventar un lenguaje, no un poema (aunque si hace un par de poemas buenos, bienvenido)


- Qué libro(s) estás leyendo?
Sol negro de Kristeva. Los tres de poesía que te mencioné. Además, nunca termino de leer algunos libros. Condimento con novelas para leer en el Subte, ahora mismo leo una de Schlink y una de Daniel Guebel, las dos de amor.

- ¿Qué palabras le dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía, alguien que ha decidido ser poeta?
- Uh, no sé, a ver. Leer lo que te caiga a las manos, buscar preferentemente en tradiciones fuera de Chile: Perú, Argentina, EEUU, Inglaterra, etc. Cualquier cosa que te aleje un poco de la asfixia de los homenajes y los discos rayados, repetidos, acaparados y leídos a su pinta, como hace cierta empresa con tentáculos en todas partes, que compra escritores como quién compra jugadores o esclavos luego de revisarles la dentadura y toquetearles los músculos y el trasero, que premia a sus propios profesores y acapara la prensa con un descaro patotero y monopólico que no veía desde hace mucho.

Llevar un diario, un mapa acerca de los poemas, un seguimiento desde el principio porque en algún momento hay que hacer algo en prosa, es mi deuda y la de todos los que escriben.

Con respecto a los alcoholes voy a decir un par de cosas. Lo mejor es no beber, obvio, es difícil pero hay que tratar de luchar contra eso, sin embargo muchos beben cuando escriben, es así, otorga cierta magia, pulso y swing, pero si uno se pasa se va todo a la mierda. Mi recomendación es beber solo con el monitor sin Internet y rodeado de libros para hacerles zapping o lectura profunda. En soledad (que es bastante generosa con el poema). Todos los que bebemos no nos hemos mandado una sino mil cagadas por beber con gente: conversaciones de las que uno se arrepiente, tonterías, así que en general es mejor compartir la bebida con los poemas, moderarse, cuidarse el cuerpo, el alcohol puede ser mágico pero es un riesgo enorme, lo mismo con cualquier otro estímulo. Hay gente que trabaja con ayunos: lo mismo, con hierba: lo mismo.

No uniformarse. Nada más un ejemplo, hace un par de días leí a algunos poetas jóvenes muy tributarios del gran Zurita, algunos la verdad bastante consistentes (poemas con cuerpo, políticos, a varios se nota que no les cuesta). Todo bien, hay que empezar por algún lado, pero es bueno hacer la mezcla propia: algunos dicen que X tiene de Lihn, de este y de esa otra también. Seguro, pero avanza. Hay que leer y disfrutar con todas las músicas anteriores a uno, con todo el repertorio, desde los mayores hasta los menores, desde los que marcaron con su obra hasta los que fracasaron, esos sobre todo esos. A los que no les salió, en fin: de todos se aprende, pero no hay que copiar al pie de la letra porque de lo contrario todos agarran los mismos tics, se uniforman y finalmente no hay dónde escoger, y en esta provincia en donde ya no hay donde escoger por la dictadura de la plata y de la iglesia, eso es terrible, el vacío y la pobreza mismas. De Rokha usa diminutivos, luego los usa Zurita, ambos magistralmente: esos diminutivos aparecen en muchos poetas jóvenes, ya no como recurso sino como tic, y uno no sabe cuál de todos ellos los recuperó, les dio vida y los puso en marcha. Hay algo muy grotesco en la imitación, personalmente me da cierta repugnancia ver versos o procedimientos míos (y no desarrollos ni diálogos) literales en la obra de Folch o Bustos.

Para los que recién comienzan, leer La filosofía de la composición de Poe y los prefacios a Las flores del mal de Baudelaire. Eso es lo fundamental, desde ahí partimos. Hay un libro de Daniel Freidenberg y Russo que se llama Cómo se escribe un poema, con muchas poéticas y documentos fundamentales, me parece que es un buen dato. O Teoría del Cielo, de Arturo Carrera. Todon eso hay que metérselo bien en la cabeza.

No hay que copiar, hay que trabajar la influencia. Y ya, por último si copian, copien en un lugar al que nadie llegue ni con lupa, por lo menos: no al vecino, no al amigo, no al que está cerca. No a las generaciones tan inmediatamente anteriores porque puede salir algo ahistórico: los chicos y chicas de los ochenta hicieron sus poemas en los ochenta, que era un momento épico: las dictaduras caían como moscas, algunas lecturas feministas no estaban tan asimiladas o maduras, Perlonguer era un valiente y el neobarroco un arma efectiva (cualquier herramienta es un arma/si se la empuña adecuadamente), el punk que acá llega más tarde, todo eso entonces tenía olor fresco, todas esas navajas tenían filo. Hoy la historia y los problemas son otros.

Evitar la alharaca, el dolorismo, el "terriblismo". Lo leve es difícil, la alegría es lo difícil, lo piola, lo que nos llena de dignidad.

Esto no es un consejo, me parece que es un poco un deber dar la pelea. Chile es un país reaccionario, católico, fascista por definición. Hoy una o tres o dos familias que mandan, hay una o dos empresas de educación que compran a algunos escritores como si fueran jugadores de fútbol, los premian, tienen tentáculos en toda la prensa, imponen sus nombres, etc. Es difícil, pero contra eso hay que proponer lo independiente, lo genuino, lo deforme, aguarles la fiesta, cagarles la onda a como dé lugar. Hay que comprar otras revistas, crear y apoyar otras páginas, es urgente crear referentes alternativos a esa intento desesperado de dibujar e imponer el perfil cultural del país por parte de cuatro guatones del verbo divino o de una empresa x. Esta misma entrevista que haces a varios de nosotros es una buena iniciativa, y esta página de Internet, aunque un par de sujetos tengan acaparada toda la prensa de papel.

Deberían secuestrar a algunos escritorzuelos autoritarios y mamones tipo Gumucio o currutacos como esos, cualquier guatón panza de sushi del verbo divino sirve, y dejarlos en mitad de La Legua a las tres de la mañana. Esa sí que sería una performance, un homenaje vívido a los Detectives Salvajes.

No lean nada que provenga de Ediciones Tácitas. No lean a Juan Luis Martínez, mucho menos si esta publicado por la Portales con algún prólogo tendencioso. Lean todo lo que provenga de fuera de Chile. Hagan sus propias tradus de cosas en otros idiomas para disfrutar y comparar en el taller.

Claro, la poesía es leve, es danza. Pero es también un juego, divertido.

Hagan una revista e incluyan equipos amplios de discusión, incluyan a gente ajena a sus grupos.

Traten de comprar y no esperar que les regalen los libros, inclusos sus amigos.

Ojo con los prólogos y los epígrafes. Saquen los epígrafes de Eiot, Pizarnik o cukaquiera de esos escritores que aparecen en cientos de libros adolescentes, es un poco ridículo.

Me parece que faltan revistas y sobran libros. Habla de nuestra dificultad de organización.

Cuando anden muy modernosos y se sientan chapoteando en las chorrocientasmil mesetas, vuelvan a Auden. Léanlo. Y callen.

Lo mismo pueden hacer con Mistral o Darío.

Traten de irse del país, al menos por un tiempo. A cualquier parte, en micro, a pie, nadando.

Uno puede irse del país estando en él: vía Internet y vía libros.

Hay que escribir poemas de amor, al hermano, a la madre, acordarse de la poesía genuina, la que hace bien. Piensen por ejemplo en un poema que puedan leer en la mesa cuando almuerzan con sus cercanos.

Traten de ganar premios fuera del país. En Chile, ciertos currutacos pueden hacer trampa, poner a su gente, comprar gente, la oligarquía es muy brígida y muy orgánica en eso, y les duele como patada en el culo cuando les hacemos un bolañada, un mistralazo, un bolañazo o una mistralada. Sangran. Cuando eso sucede, me lleno de alegría y pienso en un muchacho delgado que vino de Temuco a estudiar francés al peda o en esa mujer del norte chico que se les arrancó lejos, por mucho que la rotearan y le hicieran la vida imposible.

Es mentira eso de la demora y de no publicar. Hay que echar correr los poemas. Otra cosa es creer que uno es Shakespeare o que va a cambiar el curso de la historia de la humanidad.

Publicar el mismo libro corregido o con variaciones dos o cinco o siete años después.

Los que hacen pop gay, lean a frank o hara además de leer lo que se escribió en los ochenta, y a duncan y todo lo que encuentren donde sea, no sólo en Chile. A los mismos les diría que lean a Perlongher pero no intenten jugar con los significantes o aplicar sus procedimientos: las palabras del año pasado pertenecen al año pasado.

No matricularse con ningún estilo, inventar uno. Tratar de hacer un diario con los puntos de una poética. Por muy diletante que sea, sirve.

En el primer Fondart o premio o lo que sea, asegurarse un compu decente y alguna biografía fundamental. Participen en cuanto puto concurso exista, reescriban.

Leer jacketmagazine y la mayor cantidad de cosas extranjeras en internet y en papel, de habla hispana y de otras lenguas.

Boicotear y resistirse a comprar y leer Clinic, revista de libros o cualquier cosa relacionada con la Uiversidad Diego Portales o con la iglesia o con el liceo saint george o el verbo divino o el opus o los milicos o legionarios o warnken o cualquiera de esas mamadas. Que otros trabajen para ellos y les aviven la cueca.

Hay que volver a lo políticamente correcto: castigar de alguna manera el clasismo (de Clinic) por ejemplo, la misoginia y todos esos vicios.

Creo que hay que ser omnívoro en cuanto a lecturas y amar el oficio, no aceptar valores no poéticos, anular los nacionalismos literarios y buscar amigos en otras tradiciones o rupturas, empezando por los países vecinos. Algunos ya comprendieron eso y han hecho mucho al respecto. La visión nítida y la percepción no polucionada. También el flujo y el juego de las palabras. Es la palabra lo que importa, su uso y el amor que le tenemos.

- ¿A qué le temes Germán Carrasco?
- Al cansancio, a la falta de tiempo, a perder la coordinación, a algunos insectos.

- Y por último ¿qué tipo de obra tienes en perspectiva escribir?
- Estoy escribiendo un libro que va a salir quizás en un año, no sé dónde todavía dónde. Me gustaría escribir acerca de los exilios menores, los exilios económicos por ejemplo, también quería investigar sobre el exilio de Leónidas Lamborguini en México, o el de Oppen en México durante el macartismo, los acosos y humillaciones a los que era sometida Mistral por la oligarquía chilena, la gente que emigra con bebés y cajas de cartón amarradas con tiras de plástico en vez de valijas. No sé, eso me interesa como tema por estos días, pero no sé si pueda retroalimentar un poema, uno a veces trata de hacer el índice o el programa y como todos ustedes saben, el poema se termina arrancando de las manos, ramificando.

 


Acerca de la muerte de dos perros guardianes
y la congregación de quiltros

.. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. Perro negro: sólo sombra de otro perro.
.. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. O la mascota que bautizamos ámbar negro
.. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. en cuyo pelaje el sol brilla con lujo y agresión.


El pastor alemán estaba en una posición que podría ser considerada tierna: sugería el movimiento de un perro que pretende emular en dos patas a un humano para ponerse de igual a igual con este en el juego de ir a buscar una mordisqueada pelota de tenis brillante de saliva canina entre el césped de una fábrica que bien podría ser una universidad privada. Sólo que en esa misma posición lo habían colgado con un alambre y lo habían suspendido desde el puente de Vicuña Mackena con Ñuble. Desde ahí colgaba. Si algún auto pasaba a mucha velocidad esa bajada medianamente brusca atiborrada de afiches (conciertos de rock y propaganda política), las patas del perro, en esa posición -tierna a no ser por los ojos-, rozaban los parabrisas provocando no me imagino qué reacción y comentarios en los pasajeros.

Hay cerca de ese puente una línea de tren que se llenaba de mendigos del tipo que no pronuncia palabra alguna y de otras especies, pero también de jovencitos punk, chascones, algún marihuanero universitario que se entremezclan -incluso con lluvia- a fumar, beber, leer poesía, conversar, mirar el crepúsculo (al final de la línea del tren, enmarcado por esta), fumar pasta base, hablar tonterías o quizás, cuestiones fundamentales. Se trata de una comunidad de quiltros, pero no quiltros consumidos por la tiña: aún poseen algo de rabia, pese a ser perdedores y gente sin expectativas. Jamás mendigarían una cama en el Hogar de Cristo.

El lugar de reunión de esta congregación de quiltros -la línea del tren- es un espacio libre anunciado por un dibujo industrial futurista y esquemático de una barraca de fierro, es el logotipo de un hombre cargando unos yunkes, una imagen que recuerda la voluntad, una hermosa brisa kitsch. Fue ese el espacio que una infeliz ocasión fue invadido por un empresario y un guardia que se tomaba en serio su trabajo. De la misma manera que los perros recorren el cerro San Cristóbal asustando a la gente que trota cuando son las siete y media de la tarde y hay que desalojar el cerro, el guardia recorría el lugar con media docena de perros.

Perros que desplazan a perros.

Sospecho que los habitantes originales de ese espacio fueron los autores de las inmolaciones. Sólo sospechas, tal vez se trate de un obrero despedido de la fábrica de la que el pastor alemán era guardián, de unos delincuentes cualquiera o de un alma sencillamente siniestra. Pero mi sospecha no es inquisidora, el carácter del acto encubría sin duda un simbolismo premeditado, una lucha territorial, la batalla de una guerra que ya está casi perdida: la lucha del hombre primitivo -un paria, un quiltro- contra otros hombres (algunos de los personajes que duermen en ese lugar parecen hombres primitivos en su actuar, su manera de prender leña, su cabellera, su lenguaje o balbuceos, incluso la forma de su mandíbula).

Una batalla que está casi perdida, aún quedan algunos vagos mientras en 1997 se inaugura la Línea Cinco del Metro, imponente tubo que conecta el sur y el centro de la ciudad.

Pero este tubo crea nuevos espacios para el crimen, la poesía, los mendigos, el graffiti, la pasta base.
Porque el metro cruza aséptico e impecable por arriba, pero bajo el tubo se vuelven a congregar los cartones y los quiltros.

Cambio de barrio. Nos mudamos.

Los tabloides reaccionaron inmediatamente, foto-denuncias con subtítulos como "HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR LA MALDAD HUMANA" o titulares como: "SINIESTRA INMOLACIÓN SATÁNICA EN EL BARRIO FRANKLIN.

Frente a la segunda inmolación -mucho más cruel que la primera- los tabloides guardaron silencio. Era demasiado.

Yo estuve, alguna vez, en esas reuniones. Y hago este recuerdo en el recorrido del Metro -esa sofisticada sierpe que une a la ciudad más que un poema o cualquier otra cosa- y que me lleva a la casa de un amigo.

 

 

Con una silla de playa se pasea bajo la niebla tras un sol inexistente

con una silla de playa -va a Sevilla a ver los toros- se pasea intercomunal
. .bajo un cielo color escupitajo, en búsqueda de un sol
que no ve nadie
.. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. sino él:
.. . .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. un enigma
los lugares escogidos

porque, barbilla en mano, inspecciona
y medita antes de instalarse a leer o escuchar la radio a pilas
. .que lo hace estallar a carcajadas;

(ahí, vi a tu novio llorar en una plaza, como los que andan de terno y no encuentran trabajo y lloran en las plazas y fuman en las plazas; hay algunos incluso que hasta se meten a la iglesia y tocan el medallón de santa rita de casia: patrona de lo imposible)

cruza canchas llenas de cabros chicos jugando a la pelota cruza la ciudad
y los cruces ferroviarios y las encrucijadas

 



DOS POEMAS BREVES

1) Estoy completamente consciente de los clichés que acechan al abordar temas como las errancias, desplazamientos y exilios. Y aunque creo que cada poeta debe cumplir dentro de su agenda con la denuncia e incluso el necesario panfleto, creo en el valor de la levedad y la ambigüedad, que son difíciles, que le exigen un estado de ánimo amoroso al que escribe. Es la gravedad la que sale fácil; personalmente creo que hoy no es tiempo para épicas ni de continuar la tradición del estrépito. Creo que es tiempo de la poética del hijo, como he dicho varias veces. Digo ambigüedad y levedad. El siguiente poema está planteado por una hablante femenina o un gay; se infiere una historia de amor con esos personajes que se fueron a estudiar al primer mundo, aburridos de la incomunicación, el clasismo y otras asfixias del tercer mundo; el personaje se ha desplazado por las Américas y celebra la alegría del reencuentro.



El monstruo marino
la memoria es una almohadilla en forma de corazón
en donde las costureras clavan agujas y alfileres

en la más nieve de las soledades
en la más aleonante brisa marina
o un pueblo caluroso en brasil
¿Será él?
(la memoria es una almohadilla en forma de corazón
en donde las costureras clavan agujas y alfileres)
¿Lo saludo? (vamos, por qué no, somos adultos)
sorbe cerveza ¿será él? parece será pero claro es él (¡) cómo
estás qué alegría yo pensé que te había tragado
una universidad yanqui el vih el alcoholismo la vida
o un monstruo marino la reconch
y charlamos y charlamos
y ya, fin



2) En alguna ocasión una anciana regaba su jardín de acera en una calle de fachadas continuas. Ella había escogido intencionalmente sus ropas que eran del color de sus flores y plantas, estaba muy consciente de ese juego de escondidas. Y esperaba, seductora, a alguien que se diera cuenta de su performance, a ese espíritu fino capaz de apreciar, ella le regalaría su mirada, su teatro y su belleza de actriz principal. Eso se notaba en la mirada. Por otro lado, el hecho de querer confundirse en su jardín era también un deseo de desaparecer en él, fundirse en la materia (floral, nouveaux), algo relacionado con la buena muerte y con el amor que ella le regalaría al que se diera cuenta, en unas fracciones de segundos, de su performance: el afortunado en ese concurso (y en otros) fui yo, y es en honor a esa vanidad que escogí este poema:



El camaleón
Hubo gozo en el cuidado del jardín
y expreso propósito de cohabitar entre plantas altas.
Un juego de escondidas con quien advierte
entre el manchaje impresionista su figura.
Como el rosa del flamenco en el crepúsculo
el afán de disolución debe ser elegante y complejo,
quizá eso piensa esta anciana
confundida en los colores de la tarde.

 

 

 

 

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Germán Carrasco.
Entrevista de Ernesto González Barnert