Entra el visitante, explica una tragedia.
Míralo, mírate, no lastimes a ese árbol.
Creíste en las palabras de los otros.
Contaste parte de tu vida.
Sombras de acacios en la noche.
Creíste en las acequias que arrastraban
luces y amuletos.
Muebles, cuadernos,
lápices ancianos; madres que decaen
por demonios o siluetas.
Visitamos una casa,
pero sus muertos acaban de salir;
sólo un vivo nos recibe,
una criatura, en la ocasión,
indiferente.
14 DE DICIEMBRE
¿Qué hago con mi cuerpo?
¿Qué hago con estos dolores nuevos?
¿Qué hago con mi cuerpo que es la tierra?
DÍA 19
Gracias por la brisa
en esta tarde calurosa de diciembre.
Hace poco se sumaron
cinco años de tu muerte.
OTOÑO DE 2008
Es simple, se escuchan aullidos.
Aunque nada es simple
cuando sientes la intemperie,
y hay tantas cosas perdidas,
cosas que no querrás enumerar.
Bajaste al inicio del amor, distraído, descreído.
Fue hace mucho.
Austeridad separada de su cuerpo, aspereza,
recinto húmedo, umbrales carcomidos, decrepitud.
Bajaste al inicio de las miradas insondables.
Te expresas a través de palabras
que retroceden en el tiempo.
Dices que nadie puede oírte,
y evocas un viejo muro de ladrillo
dibujado por un sol desfalleciente.
Te expresas, te manifiestas
noche tras noche,
y caminas por una vereda mal iluminada.
Ahora te fascinan los espacios,
la distancia de una casa a otra,
de un cuerpo a otro,
de una muerte a otra.
Son los años.
COLOCO MI FE
Coloco mi Fe por sobre los rostros a veces espantosos de la gente.
Y decaigo ante ciertas frases, confundido, al salir de la penumbra.
La fortaleza es espinas no logra ocultar el campanario;
debo (debemos) partir hacia donde la sangre santa se licua.
No hay más.
Suelo recordar un eucalipto caído contra una pared;
aquella mañana en la parte de cemento, frente al sol:
un niño que pensaba en su madre, en el único abrazo para él.
Mi Fe por sobre los rostros a veces espantosos, por sobre los objetos,
por sobre mi persona. El estero y el leve metal de su corriente
que aleja
los minutos de arrogancia.
No se enfrían las piedras del fogón,
no desaparecen los canastos, las sillas de mimbre, las vigas tiznadas,
el acento con que se mencionan las bestias y la carga.
Llevo en mí también otras semanas de insomnios y muebles de nogal;
pétalos húmedos esparcidos en la mesa, manteles bordados y raídos.
Llevo también otras voces, otras formas, otras decepciones.
Mi Fe por sobre los rostros a veces espantosos, por sobre los objetos,
por sobre mi persona. La pieza enorme, el ala oeste de una casa
iluminada intensamente a media noche. ¿Qué pasa afuera? ¿Quién
rompe la oscuridad esparcida, las historias de los sueños?
Tiembla la puerta despintada, se entreabre.
