Marcelo Guajardo Th.
Posibilidad de escritura
Lo que se ha logrado con la técnica se permite en sabiduría y riesgo
ese extraño animal de los humedales. Su lacónico rictus sumergido
a las algas que el sol ilumina, cruza el agua y devuelve, a la vista el espejismo
de la profundidad. Los bienes aquí son pocos. Heredando lejía para derretir
el centro del centro, los márgenes que nos deleitan. No. Cuando el único
respiradero del terrario sucumbe bajo una cubierta de hojas
y permite la acumulación de gases tóxicos, escoria incandescente.
Viviendo en este periodo
Los que hemos sido llamados cobardes por oponer a la habladuría
una secreta dosis de vital silencio y decir; este se supone
es el momento de la reconstrucción. Al fin y al cabo deshilachan su prole
y olvidan el centro, el lenguaje y sus afluentes, de ese y demás modos
de auto-alabanza y descaro. Cuando lo único que nos queda
es la vuelta a las catacumbas a urdir la madeja que ha revuelto el gato
una tarde tranquila en la alfombra asoleada de los suburbios. Persigue
el resto cerbatanas, su veneno destilando del corazón caliente
de un mono desorientado por el exceso de aullidos.