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Lenguaje de ojos

Por Marcelo Munch

 

Hay una escena que casi no se ve en que Randy The Ram sale del hospital, casi de la muerte, y nadie lo espera; entonces Aronofsky muestra la cara de Rourke, sus arrugas, el sol cayéndole en los ojos casi de frente, luego llegando en taxi a su van, solitaria, una corta y costosa caminata, casi cliché todo, pero esa cara.

Por una orilla del frente un muchacho de India baila al final de su película porque al parecer todos los problemas de la tierra se solucionaron.

Randy The Ram prefería sangrar en su mundo ficticio con Guns N’ Roses de fondo porque ese era el único mundo en el que podía residir: “Hasta que llegó ese idiota de Cobain y lo arruinó todo”, se lamentaba con su stripper, no tiene nada de malo querer un poco de diversión.

El muchacho de India sigue bailando, y lo ficticio y su lenguaje fabulero sigue perpetuándose y cobrando cheques, hace buenos productos, los auditores no tenemos la culpa, tanta visualidad y banda sonora potente cautiva, y un final de película donde todos bailan porque al parecer todos los problemas de la tierra se solucionaron también.

Randy The Ram prefiere desaparecer en su mundo que lo hace sangrar, sabe que es ficticio, sabe que es tan solo por diversión, patética diversión, es lo que queda por hacer cuando es lo único que tienes. “El mundo real es el que me lastima” le dijo casi al final a su stripper, ciertamente una escena intencionalmente cliché.

Aronofsky cree en mirar la realidad a la cara, y ver de cuánta carne estamos hechos. Danny Boyle cree en su visualidad que vaya que nos agrada y nos gratifica, somos simples auditores, no tiene nada de malo querer un poco de diversión.

Al parecer aquí se teje una línea de lo que el cine es, como expresión, como lenguaje, como producto efectista y efectivo, o como arte, simple arte que sólo se obedece a sí mismo traspasando lo establecido por terceros, y donde la vida y la muerte no son colores de una paleta cautivadora, sino esencia.

Aronofsky no le teme a la obviedad. Danny Boyle le teme mucho, le teme tanto que hasta el resultado es obvio, así como todos bailando como si los problemas de la tierra se hubieran solucionado.

Es más fácil saber a lo que te opones que a lo que defiendes. Es más fácil decirlo, también. El creer, es algo más íntimo, cada día más íntimo en estos tiempos de efímero quehacer y harta visual. Creer en ello no tiene nada de malo, olvidar que hay otras orillas no. Algunos creemos en los ojos, en contemplar en silencio sin banda sonora. Danny Boyle no sé en qué cree. Darren Aronofsky, sobre todo, cree en Mickey Rourke.

El muchacho de India sigue bailando.

Randy The Ram prefiere desaparecer en su mundo que lo hace sangrar,  pero no lo lastima.

 

 

 

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