
De literatura, doy fe
Por Marcelo Munch
www.marcelomunch.blogspot.com
Es cierto que la literatura chilena cojea y podría decirse que está bien porque acusa intento de movilidad, gran diferencia hay lo sabemos entre acción y movimiento. Es cierto que la maquinaria de la información y de consumo ha desplazado a un segundo, tercer y quinto plano a los mediadores entre el proceso creativo y los lectores existentes. Es cierto que la crítica y el crítico tan solo existen en un minúsculo espacio asignado a los “especialistas” porque perdieron toda relevancia social. Es cierto que el escritor como agente de cultura se encuentra de capa caída porque ni la sociedad chilena ni los medios le asignan una función propia de su dignidad profesional. Es cierto que lo que está en ruinas son las prácticas nobiliarias de traspasos obtusos de la letra, las mesas largas adornadas brillantemente con palabras solemnes donde se proyecta el futuro de la literatura chilena como si tan solo con eso bastara. Es cierto que hasta el pensamiento crítico no tiene voceros, apenas se habla para probar las tesis de quien o quienes son miserables, ni siquiera hay un debate entre visiones de análisis, con suerte peleas entre analistas, y ni siquiera eso, ya no quedan espacios para que aquello ocurra, hasta la desaparición de Rocinante, que se pensó sería un paréntesis, se convirtió en un eterno suspiro, de esos mismos que esperan en las ventanas para sorprendernos con un beso nostálgico y silencioso.
Más, los únicos molestos aquí no son las causas pendientes ni el universo, los únicos molestos aquí debieran ser los jóvenes que cada día son castrados con el slogan oculto de Déjense de tontear y sométanse, saquen título, trabajen, tengan hijos, duerman hasta tarde los domingos, junten plata para que sus hijos hagan el mismo recorrido, envejezcan, pasen al olvido. No se valida ninguna posibilidad de otra manera de ser, es cierto, y en el plano literario, los pocos que logran salir del letargo rebaño, después de mucho quemarse las pestañas e hinchar las pelotas a cuanto bate más menos conocido con el que alguna vez se cruzara en alguna calle o en un bar, con mucha suerte son prologados y se les somete a falsa promesa en alguna antología siempre polémica, y más temprano que tarde siempre olvidada. Es cierto, lo que se ve y se ha visto no es la entera literatura, y por eso cojea.
Pues yo doy fe. El más delicioso plato de mi vida lo degusté de una mano gastada y rechoncha al sur de Temuco, en un pequeño caserío, sin calles, sin ningún adorno, cuyo nombre de pueblo prefiero no mencionar, y el más hermoso verso que haya leído lo recibí de un muchacho niño que tenía miedo de ser nombre y ser descubierto recitando en lo profundo de su cerro duro lleno de hombres.
Doy fe, lo inmenso, lo que no se ve y en temprana comunión damos por contado que no existe, dejó de ser acción, y se perdió en el camino pues tan solo se quedó soñando y se dejó llevar como hoja sobre este sistema que no perdona a quién no lo quiere conquistar. Y aún así existe, eso también es cierto.
Marcelo Munch
http://www.letralia.com/219/articulo02.htm