
No hacía calor
Marcelo Munch
www.marcelomunch.blogspot.com
En memoria de navidades pasadas.
A esa hora de la tarde entre Santiago y sus reductos se instalaba comúnmente un desagradable sopor pegote que se mezclaba con la bulla agotadora de cada diciembre de compras de mercadería y regalos. Pasos recios y sudados en especial en las últimas alturas de fecha hacían guargüero limpio como lo saben hacer los lugares que se saben de vida plena y escondrijo. En esa transa impaciente del Santiago de Estación Central calle Exposición surcando fierros negros recordando viejas labranzas, pasaje Meiggs entrometiéndose pirata en medio de Sanfuentes, los comerciantes a baño maría que desde temprano se empiezan a instalar a piso cartón a medio nylon para evitarse chicharrón, el tío Rony de almuerzo con la octava carrera segura, la vieja Matu colándose por Sazié a vaivén de su mocoso el indio con los papelillos pelientos casi verdes que a nadie hiere pa’ los cabros universitarios a punta de charango ya atardeciendo, el Entrelatas hirviendo de chela rasca ya casi cayendo el sol, Don Completo por Matucana cada día venido a menos con sus vienesas ladrando, el Negro el Ocho haciendo de nicho con sus fosforescentes temblando sobre sus bolas picadas y sus maltrechos paños viejos verdes, y luego la noche, la pose a resquicio gore camino de la Blondie para la tocata trance, las calcetas cuicas que se disfrazan de under con ojo de satín y negro a medio pintar, la medias de rota persa disfrazándose de cuica under con ojo de satín y negro a medio pintar, las chalailas de cuero hechiza al tiempo para la peña paga del Estadio de Víctor que ya se acaba, y la fumadera del después vía Club Hípico vía Quinta Normal, cualquier cosa de por vía caminando se emprenden rutas, y antes del toque piscola jote, antes del atraque a cacheteo limpio si hay suerte, antes que las luces a patrulla espanten la charada prístina de no pretender nada sino tan sólo saborear un querer que ahuyente el tedio y el exterminio borra de hastío perenne de esta sociedad que nada acoge y no te expreses, antes de todo y nada y que la fiesta se acabe la última cola baboseáh en papel de arroz ojalá de Biblia para que el cielo se pudra ojalá en una tabla bien abierta y partida por los años gastados entre tantos ojos de tormento y niños tristes, en esa transa impaciente en que todo vibra y se mezcla de lo mismo y se mofa canalla, y su silbido que se vierte durante los goznes del día entre uña y carne color a mugre y billete transpiroso, que es lo que se sustenta desde amanecida que a pesar de toda la color se sabe digna, como emperatriz de calle limo a la vinagreta si se quiere con sus pequeñas rendijas que se van de saltos y temblores con fantasmas del pasado en rigor a etil pacífico de cuneta brillante por su orina cantata y dulces flores de la nada que brotan diariamente sin necesidad de riego al compás de sus perros vagos de nadie husmeando de rescoldos a saber de la compañía nocturna que en mutuo acuerdo de flores espantará el frío olvido, y los rayos de sol limpiando al camino, y la bulla de la gran Alameda dictando sus pautas en Volverán las grandes hierbas… en todo, impaciente a decir, los reductos de este Santiago herido con su verbigracia burda ralea, en esta hora de siempre irremisiblemente mientras los gritos de la última oferta pa’ los regalones prevalecen infiriendo el punto final y no se recuerda el tedio y nada tiene calvario y se respira y se vive a diario concho en todo esto en su más digna baldosa pichanguera a tal punto que cada asomo de uno sin el otro no vale por sí mismo, en este fragmento, en que la proleta suerte sabe de aquello y no escatima rechiflos para guarecerse y jamás someterse a la mazmorra yesca de la trama rancia que ya fue escrita por terceros, porque ya sabe todo de bochornos, y los bochornos a media tarde son para los que nada de esto le pertenece, antes de todo, en esa transa de media tarde, casi llegando a finalizar el primer principio, a esta hora no hacía calor. A pesar del tedio.