Sobre “Santo Sudaca”, de Claudio Maldonado, y “Diagonales”, de Maorí Pérez
Por Rodrigo Hidalgo M.
Con poco más de un año de existencia, Editorial FUGA ha logrado un catálogo con aciertos dentro de la poesía emergente, y ha dado un paso adelante inaugurando su colección de narrativa con un libro que hasta el momento ha
pasado sumamente desapercibido: el volumen de cuentos titulado “SANTO SUDACA”, de Claudio Maldonado (Curicó, 1977).
En la contratapa de este libro, el poeta Waldo Rojas, desde París, señala que “si a fuerza de usos y abusos la expresión no hubiera perdido su pleno sentido primero, yo hablaría gustoso de espesor poético; porque aquí las figuras de lenguaje y juegos metafóricos no son ya, como sucede en general, puro recurso expresivo, sino que constituyen la materia misma del relato”.
Antes de confirmar o discutir este elogio, consignemos que SANTO SUDACA reúne 9 disparejos cuentos además de un prólogo que funciona igualmente como cuento, pues lo firma un personaje ficticio -Gilberto Sanger- que es a la vez quien protagoniza el último relato, en lo que constituye el juego de cajas chinas más logrado del conjunto.
Maldonado pinta su Curicó natal, sus circuitos literarios, profesores mediocres y bajos fondos, nos lleva a ese ambiente de provincia rancio que provoca “cierta desazón de media tarde”, como diría Pablo Azócar. Y el resultado es que uno tiende a pensar en el paralelo posible con el escritor Marcelo Mellado y su odiado San Antonio. El parentesco parece evidente y creo que ello no significa ni más ni menos mérito para el curicano.
Tenemos en SANTO SUDACA algunos relatos que buscan golpearnos desde lo grotesco o desde lo tóxico humano, con mejor puntería unos que otros, textos más bien tradicionales en términos de estructura, como un cuento de box, que políticamente está en línea con el argentino Roberto Arlt y su declarado principio de escribir con la fuerza de un cross a la mandíbula. Y tenemos experimentaciones que como señala Waldo Rojas, ponen en el centro del relato el trabajo poético con el lenguaje, cuentos donde “no pasa nada” y donde el hablante se mueve dentro del tiempo y espacio a través de fragmentos que conforman escenas de intenso color a ratos, aunque un tanto borrosas. Finalmente, está el juego de cajas aludido, donde es el circuito literario provinciano el caricaturizado, con relatos que establecen links entre uno y otro, y se utiliza con habilidad el desdoblamiento entre autor, prologuista y personaje. De modo tal que podríamos decir que Claudio Maldonado luce cierta versatilidad en sus recursos como un elemento importante para constituir su lugar dentro de la escena narrativa.
En definitiva, creo que SANTO SUDACA merecería no sé si un desborde de aplausos, pero sí más atención, sobre todo por su honestidad, en un contexto en que es evidente el deseo o quizás la necesidad de críticos y editoriales, de montar o descubrir una “nueva narrativa chilena”.
Y me refiero al hecho de que en algunas revistas virtuales y blogs, lo mismo que en la prensa escrita masiva, se ha llegado a identificar a escritores sumamente jóvenes, que no superan los 25 años, y que han sido elevados a la categoría de genios. Son las promesas, las revelaciones. Uno de estos nombres es el aplaudido Maori Pérez, quien con apenas 23 años tiene ya 3 títulos publicados, todos con gran éxito y recibimiento. Su última producción: DIAGONALES, una novela que Editorial Cuarto Propio lanzó al mercado también hace muy poco.
En este libro Maori Pérez lleva al formato novela la propuesta estética ya anticipada en algunos cuentos de “Mutación y Registro” (Editorial Cierto Pez, 2008). Me refiero a la atmósfera en que se desarrollan los relatos: una urbe ciber punk medio futurista, con tintes de animé. Mutantes, suicidas, samuráis. Elementos de una estética
previsiblemente acorde con la sociedad globalizada post- 2000. ¿Pastiches posmo? Sí, algo de eso. Acá se dan cita los referentes mundiales que ya hemos visto desfilar en nuestras personalizadas pantallas chicas y gigantes: de Los Simpson, Taxi Driver y Blade Runner, a Yingo, Protagonistas de la Fama, y Morandé con Compañía. Casi todo cuanto Álvaro Bisama ha puesto en juego, con destreza, en sus delirantes textos.
Ahora, esta propuesta que a mi parecer ha llenado de excesivo entusiasmo a quienes como ya dije buscan los nuevos derroteros de la narrativa chilena, tiene la gracia de que, circunscribiéndonos a la novela DIAGONALES, se pone en marcha en torno a una intrincada estructura. Más que en cajas chinas o en muñecas rusas, habría que pensar en laberintos borgianos (vaya piropo): los relatos no sólo se van subsumiendo uno dentro de otro, sino que se abren con puntas que cuesta entender a dónde conducen, de modo que al final el lector se pierde. Confundido, el lector emprende una segunda lectura, y logra calmar el mareo. Pero ni con una tercera lectura podrá conseguir una sensación de haberlo entendido del todo. Y no se trata de abusos de hipertextos. No. Es simplemente que si hay un acierto en esta novela, es su título: la cantidad de diagonales que se abren, los cruces que el ojo lector tiene que buscar para no sentirse un estúpido, lo dejarán fácilmente estrábico. Sin duda una novela para lectores muy agudos, muy atentos. Demasiado, diría yo. Fácilmente podríamos decir que es pedante o presuntuosa. Pero no creo que se trate de eso.
Sin embargo, y para terminar con DIAGONALES, creo que se trata de un libro que hay que leer. Su carácter experimiental, el riesgo asumido, merece, a qué dudarlo, que haya entusiastas alrededor. Hablamos de una narrativa que se configura como búsqueda de un tipo de lector que quizás termine, a fuerza de fragmentos inconexos, existiendo. Y si retomamos los elogios que Waldo Rojas le propinaba a Claudio Maldonado, hablando de espesor poético, creo que sin duda Maori Pérez también lo tiene, y por lo imbricado de su propuesta y lo abigarrado del estilo, quizás es aún mucho más denso. Para hacer más visible el parangón, Santo Sudaca sería a Diagonales, lo que puede ser “La buena vida” de Andrés Wood, a algún film de David Lynch, digamos, “Mullholland Drive”.
Una versión reducida de este comentario se emitirá el sábado 4 de julio
por Radio USACH, 94.5 FM,
en el programa ACCESO LIBERADO (de 14:00 a 15:00 hrs.)